jueves, 9 de agosto de 2012

... un mecánico consigue.

¿Cómo arruinar una tarde de Agosto, a 40ºC y terminar llorando... de risa?
¡¡Fácil!! ¡¡Estando yo por ahí cerca!!
Hace poco que he vuelto a mi país adoptivo, tras unas merecidas vacaciones en familia. Los primeros dias suelen ser algo estresantes, jet lag, final de las vacaciones, puesta a punto del nuevo curso, añoranza... y las cabezas no suelen estar demasiado bien amuebladas. Hoy, la mía, se ha declarado directamente en huelga.
La mañana ya era premonitoria de cómo iba a ser el día, pero una siempre tiene la esperanza de que las cosas van a cambiar... Pues no. Si algo puedo asegurar de primera mano, es que las cosas, siempre pueden ir peor. 
La vuelta de la lavandería fue algo fugaz. Tender la ropa que ha quedado húmeda, dejar la cama hecha con las sábanas recién limpias, dar la bienvenida a una amiga que acaba de llegar a la ciudad, ponerle comida a la gata y maquearse para una cita en tiempo récord. Feliz por haberlo conseguido, me voy a mi cita con la sonrisa puesta y las llaves del coche en la mano........ espera........ ¿habeis visto las llaves del coche?....... ¿a que me las he....?.... ¡¡¡¡¡¡me las he vuelto a dejar dentro del coche!!!!! Cuatro veces en dos años. Menudo estilazo. No quiero llamar a la policia otra vez, ese blog ya lo he escrito y además el teléfono está dentro, haciendo compañía a las llaves. He visto hacerlo otras veces y lo único que necesito es... cuchillo de hoja ancha, rama fina,dura y larga del árbol que me tiene todo el coche lleno de resina (parece que desaparecen cuando más las necesitas), trapos de cocina para hacer hueco entre el cristal y la goma aislante y sangre fría para defender que ese es tu coche en caso de que pase la policía cuando tú estas en plena operación rescate. Allá iba yo, cual cirujana salvando a su paciente. Sabía muy bien lo que tenía que hacer, y creo que eso dio confianza a dos amigos que en ese momento estaban en casa, que sin rechistar, seguían órdenes aguantando por aquí y por allá. En algún momento, uno de ellos insinuó que no lo iba a conseguir y creo que sigue fulminado... Que nadie dude jamás de mis habillidades de Miss McGyver. Todo estaba saliendo a pedir de boca, conseguí hacer hueco suficiente para meter la rama pero no era nada fácil atinar en el botoncito de apertura de la puerta... De repente... UN ÁNGEL. ¿Quién no se ha planteado alguna vez que hay personas que aparecen en el preciso instante en que más las necesitas? Un señor que pasaba por ahí me aconseja que use una percha (sí, ya sé que es lo primero que habeis pensado) pero es que las mias son todas de plástico (ooooooh, qué rabia). El hombre sale, casa por casa, por toda la vecindad, en busca de mi percha de alambre. El perseverante ángel, la consigue, y entre los dos, uno tirando por aquí y el otro metiendo por allá, ¡¡¡conseguimos abrir el dichoso coche!!! Siendo la mujer más feliz y orgullosa de mí misma y dándole las gracias al amable caballero, saludando cual reina despidiendose de los vecinos mirones, salta la alarma anti cacos, por si alguien todavía no se había dado cuenta del numerito que estaba montando. Ahí estabamos todos utilizando el lenguaje de signos internacional para conseguir parar la ruidosa alarma. Y la caprichosa, nada, marcando el ritmo más y más fuerte. Mi ángel me dice que abra el capó, que tengo que desconectar la batería, mi amiga, con un mecánico al teléfono, me dice que intente a darle al contacto tres veces seguidas, a mi que se me ocurre meter la llave en la puerta a ver si hay suerte, y el capó, que se atasca y decide no abrirse. Oooooooootra vez, ahí estábamos, que si entra, que si empuja, que si sale, que si tira, que si no lo encuentro... ¡¡Zas!! consigo abrirlo sin saber demasiado bien para qué. Me pide una llave inglesa como quien pide un bisturí, no se ni de dónde sale, pero el caso es que cuando el claxon deja de sonar y vuelvo a sonreir, me enseña la mitad de la abrazadera calcificada de mi batería. Me aconseja que compre otra (muy listo tampoco había que ser) y de paso me toca aqui y allá (entiendase el motor del Mustang) y me dice que le falta líquido de frenos, aceite, anticongelante y un rosario por haber llegado tan lejos con ese coche. ¡¡¡¡¡MECANICO, el tipo era mecánico todo ese rato!!!!!!! ¿No es increíble? Me ha faltado besarle la calva. He quedado con él la semana que viene, a ver si de paso se mira el coche y le hace una puesta a punto... 
Allá voy con mi lista de la compra, orgullosa de ser casi casi autosuficiente. Compro todo lo que necesitaba mi caballo y otra vez en camilla de operaciones, motor abierto a punto de ser recompuesto. De nuevo la mágia te pone a las personas que menos te esperas por delante. Aparecen dos caballeros y me preguntan si necesito ayuda. Agradecida, les digo que solo quiero saber cuánto tiempo tengo que esperar para poder abrir el depósito del aceite porque sé que en caliente, mejor no tocar el coche... lo que no sabía es que estaba señalando al tanque del anticongelante a la vez que hablaba de aceite... Ellos mismos me contestan 'sí, necesitas ayuda'. Y uno de ellos se queda muy amablemente a darme instruciones. Hay que decir que muy cómoda, no iba... Justamente, falda muy corta con vuelo y zapatos de tacon alto de esos que te rebientan el alma. Ahi estaba yo de nuevo, que si enciende, que si apaga, que si acercame ese bote, que si acercate, que si apartate... y en mitad de tantas órdenes... ¡¡¡ZAS!!! sale volando en mil y una piececitas uno de mis collares favoritos. Qué disgusto. Ni me lo pienso, me pongo a recoger piececitas diminutas a toda velocidad para que el man no se diera cuenta, pero ya tenía un corrillo hecho a mi alrededor. Me quería morir. Me sentía la típica mujer desastre que no sabe cuidar de su coche y a la que le importa más su aspecto físico que su coche... Y así era... Y bien orgullosa que me sentía en ese momento, ¡sí señor! porque, ¿qué es una mujer si no es femenina al volante de un mustang rojo? El hombre deja de comunicarse automáticamente conmigo, me quita la mirada y terminando con su ayuda, se mete para dentro creo que incluso más avergonzado que yo. Monto en el coche a toda velocidad, queriendo salir de allí lo más rápido posible y el maldito coche no se enciende. Me lleva haciendo boicot toda la tarde, ¡¡¡¡parecía Christine!!!! (gran película). Entro, busco al tipo indignada y con los ojos llenos de lágrimas que dignamente aguantaban antes de salir corriendo por mis mejillas. Le comento el pequeño incidente y le pido que si me puede ayudar nuevamente a encender el desgraciado auto o que le prendía fuego allí mismo. El hombre, al verme un tanto apurada, me abre la puerta con una sonrisa y me dice que es normal, que esa batería tenía muy mala pinta (ni que lo jure). Ya sí, casi abatida, me pongo a su lado a disfrutar de la que iba a ser la última operación cuando una bocanada de aire caprichoso, decide levantarme la falda, como dice la canción, elegante, por detrás y por delante. 
Vergüenza no define dignamente lo que sentí en ese momento. Risas, aplausos, yo creo que escuché de todo. Y por más que busqué la cámara oculta, como en la tienda de sujetadores, no logré convencerme de que nada de aquello había sido una broma... Ya lo dicen, la realidad supera simpre a la ficción.
Por cierto... Llegué tarde a mi cita, por supuesto, pero mi coche funciona como nunca. ¿Quién dijo que las mujeres procrastinan con sus coches? Para mí, el coche fue lo primero esa tarde y la cita, la repito pasado mañana ;)