Llega el día de todos los Santos, el día de los muertos, la temida víspera de todas las almas (all hallow's eve)... ¡¡¡y yo sin disfraz!!!
Y es que lo de celebrar Halloween parece muy divertido el primer año, por la novedad, pero cuando te toca implicarte, lo que quieres es convertirte en fantasma y desaparecer. Dejemos de lado los debates del consumismo y el por qué de celebrar una tradición que muchos consideran pagana. Vayamos a lo práctico. ¿Por qué narices me tengo que gastar una media de $40 en caramelos que despues los niños van a terminar tirando porque no son de su agrado? Los mismos niños hijos de vecinos que apenas me saludan al pasar, es más algunos yo creo que se esconden para no coincidir contigo cuando entras o sales de casa. Ahora vivo en un barrio más normal, con vida propia... Tanta vida que la policía acostumbra a patrullar a todas horas... (eso nunca he sabido si es bueno o malo, sinceramente).
Me han dicho que tengo que decorar la casa para que los pequeños monstruos, y nunca mejor dicho, sepan que aquí pueden pedir dulces... Añádele a los caramelos el coste de las calabazas que despues acabarás tirando, la almohada con la que terminas peleandote porque no parece tela de araña ni enrollándote tú en ella a modo de capullo, los espantapájaros que más que asustar dan risa, las luces psicodélicas que no puedes aprovechar en navidad porque el concepto de fiesta es precisamente el contrario y por supuesto, el disfraz, el temido disfraz.
No consigo entender si se trata de asustar, o de quitar el hipo porque válgame, lo cortas que llegan a ser las faldas de los disfraces americanos y lo atrevidos que son los escotes talla 110 de silicona. Yo no se si abrirle la puerta a los niños o al cartero, vestida así... Lo mejor de todo es que si muchos supieran que en realidad se trata de una celebración celta, seguramente se quedarían en sus casas y yo me ahorraría unos cuantos dólares y suficiente energía para irme de fiesta porque esa es otra, los nervios previos son agotadores, el stress de tenerlo todo a punto, el sufrir porque nadie te ha invitado a su fiesta privada, la necesidad de tener que hacer tu propia fiesta... ¡Qué agobio!
Claro que, me paro a pensar en lo que está pasando en la otra parte del mundo y me doy cuenta de que prefiero disfrazarme de mamachicho antes que ponerme a amasar panellets, ir al cementerio o pagar un dineral por unos buñuelos que sólo saben a fritanga. Bien mirado, el consumismo es el mismo, las tradiciones son lo que son, buenos momentos en los que uno es libre de participar y disfrutar o quedarse al margen y criticar... Despues de lo dicho, yo creo que ya he decidido... Me voy a hacer mis panellets a la americana, ¡¡¡Happy Halloween, people!!!